
Me llamo Mauricio Pacheco, tengo 33 años, una compañera más que comprensiva, y una beba de un año y cuatro dientes que es, al final de cuentas, la verdadera responsable de todo esto. Llevo metido en la fotografía desde hace unos seis años, pero en la selva llevo metido desde que tengo memoria, y aun que nunca fui biólogo ni nada que se le parezca, tengo con el bosque un lazo vital, y mantenerme cerca es más bien una forma de mantenerme cuerdo. Por eso cuando me tocó escoger qué iba a fotografiar, la decisión fue extremadamente fácil. Más difícil es ver ahora cómo puedo hacer que mis fotos sirvan para que el bosque siga ahí, cuando sea mi propia hija quién lo necesite.
